“Mezcla a tu prudencia un grano de locura”.

“Mezcla a tu prudencia un grano de locura”.

134 cosas

“Mezcla a tu prudencia un grano de locura”.

Horacio

Tiene en su reloj sesentaisiete alarmas. El tiempo avanza junto con el
olvido y no es prudente pasar por alto las 134 cosas que sí o sí debe hacer
durante el día.
Un ritual específico para efectuar exterminio de la soledad, soledad del
espacio que se contiene dentro de los minutos del tiempo encapsulado.
Cada timbre se relaciona con un color, el mismo color con el que están
escritos los siguientes pasos que dará en el día.
A la seis de la mañana suena el primer ring ton para despertarla, la nota
dice: limpiar las piedras del gato y asearme la cara.
Durante los entretiempos se distrae con los quehaceres obvios de una
casa hasta la siguiente alarma: ventilar la humedad de los roperos y tomar
agua.
El momento de hacer las compras nunca será parte de su olvido, Olivia es
amante de las sensaciones climáticas, amante del olor del aire y de
acariciar el viento. Camina con los brazos extendidos, con la intención de
liberar sus alas.
El reloj de mano también tiene programados diferentes recordatorios,
como llevar la lista de supermercado que Juana, la vecina, deja pegada
con un imán a la heladera todas las noches antes de que la alarma avise
que debe reprogramarlas y cerrar con llaves la casa. Olivia nunca entró al
mercado ni compro las pilas para su reloj de mano. No volvió tampoco a
su casa, ni escuchó nunca más un timbre.
Ahora vive en el campo del hombre que la encontró aquel día riendo con
las palomas. El mismo hombre que le prometió amarla y cuidarla hasta
que la muerte los separe, trepados los dos a un árbol.
Juana, la vecina, la visita todos los sábados para leerle historias y charlar
con su amiga. Juana descubrió que el entendimiento sobre la locura está
torcido.

Por: Mariangel Ojeda

Invasión Local

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