Desovillando luz

Desovillando luz

Desovillando luz

La historia que hoy les cuento,  fue para mí sentir de ese momento, que estaba ante un gran desafío, seguramente por la corta edad de mi consultante, aunque más tarde descubrí, que el desafío, en realidad, no era en el sentido que yo pensaba, sino que el desafío, MI desafío, era convertirme en un instrumento de unión, para que así, solo fluyera, como si estuviera tirando de una lanita para des enmadejar un ovillo… un ovillo de luz amorosa…. Esto,  seria en el verano del 2005, una señora llega con su hijo, un niño pequeño, de apenas 8 años y me cuenta que estaba preocupada, ya  que al regresar lo tenían que operar. El niño, tenía una rara enfermedad, que no recuerdo bien ahora cual era, pero le afectaba la vista. Tenía un ojo desviado y usaba lentes con una graduación de 8 dioptrías, para corregir su visión. Ellos, eran de Tandil, y solo faltaban 10 días, para empezar los estudios pre quirúrgicos,  para después someterlo a la operación. Habían dado mil vueltas, porque no estaban seguros, y tenían miedo, lo habían llevado a Jujuy y a Buenos aires para ver otras opiniones. Cuando su madre me habla, apesadumbrada por su situación, con infinita compasión le digo… “Dame todos los días una hora con el…” más tarde me daría cuenta que no fui yo quien dijo eso… Así, comenzamos, sentía que, quizá, ganando su confianza podría sacarlo de contexto, del miedo, valga la redundancia, apoderando el poder, que todos llevamos dentro. Sin saber muy bien, que hacer, permitiendo que la luz de mi intuición me guie, con mi más profundo sentir de la unión amorosa y con la firme intención de darle un sentido a su concentración, como si le diera una muleta, en donde el pudiera apoyarse, algo que yo, por su corta edad no podía explicarle. Y así fue, que de esa manera, su madre me lo traía todos los días, una hora, caminábamos un rato por la playa, lo escuchaba, nos reíamos y siempre terminábamos prendiendo una vela… cerrábamos los ojos, y meditaba a su lado unos minutos, le hablaba de su responsabilidad de sanarse para sí, ante la vida y  también, ante sus padres, para aliviar su sentir. También le hablaba del poder que el tenia de sanarse, pudiendo visualizarse y proyectarse en una vida saludable. Increíblemente, al cuarto día, fui sorprendido cuando su ojo ya no se desviaba, y mostraba incomodidad al usar sus lentes… también le hacía visualizar que cuando tuviera la consulta con su Oftalmólogo, el médico le diría… “es un milagro”!!!!

ASI FUE, EL MEDICO LO DIJO!!! Hasta el día de hoy, no usa lentes, ahora ya es un adolecente, todos los veranos viene a verme, y este es nuestro gran secreto…

DANIEL MOLINA Y DELIA FORTUNATO.-

  • Categoría de la entrada:D / Interés